La imagen del Tedeum del 25 de mayo del 2020 en solitario, con los soldados de los Regimientos de Patricios y Granaderos con tapaboca frente al monumento al General Belgrano, del cual se cumplen doscientos años de su muerte el próximo 20 de Junio, daba una sensación de rareza a la cual ya nos estamos acostumbrando como algo cotidiano. Soplaba viento de varios nudos  y nuestra bandera se dejaba ver en todo su atractivo junto con el Sol del 25, señalándonos que los vientos de cambio son para tomar las cartas del momento  y seguir adelante. Si un ritual vale mas que cien libros y una imagen mas que mil palabras, lo esencial esta vez estaba a la vista: algo estaba cambiado.

¿Qué recordaremos dentro de cinco años de esta Pandemia? ¿Cuán acertados serán los pronósticos que hagamos hoy respecto a lo que realmente sucederá? ¿Será tan dramático el cambio que tendremos en nuestras vidas o simplemente algunos ajustes que ya se estaban poniendo en práctica como prueba piloto?
Un nuevo mapa que nos lleve a alguna parte
Al igual que cuando analizamos los casos en el Premio Mercurio, tenemos que partir de un diagnóstico sobre cómo nos encuentra como personas y como sociedad esta primer pandemia del SXXI. Y podríamos decir que como personas que formamos un país, somos una sociedad desigual en cuanto a oportunidades y preparación de cada uno. Lugar común, claro, pero recargado ante situaciones críticas. Sucesivas administraciones públicas y actores privados no supieron o no pudieron lograr una sociedad mas inclusiva, con las críticas de cada lado que se puedan hacer. No todos tuvieron acceso a buenas condiciones de vida que esta situación agrava, y claro, tampoco todos tienen acceso a una computadora ni a conectividad todo el tiempo. Pero prácticamente todos tienen acceso a un celular, que es una computadora de bolsillo. Si a veces estar mirando una pantalla de 6” a cada rato nos parecía algo un poco alienante, ahora resultaba que a mucha gente era lo único que le permitía conectarse con el resto del mundo. Las cosas, como en algunas fábulas, no eran como parecían.

Trazar un pronóstico sería simplemente querer saber cómo será el fin del noticiero o si va a llover para el 9 de Julio. Nadie lo puede afirmar, en eso la mayoría son sinceros al menos. Pero se vislumbran elementos que eran excepción y pasaron a ser regla: cambios en la forma de hacer las cosas y la necesidad de re-inventarse de cada organización y cada persona. El aislamiento nos obliga a re pensarnos, a ponernos frente al espejo y hacernos preguntas.  Curiosamente, lo estático del aislamiento se nos alivia un poco gracias a los móviles y al crecimiento y penetración de éstos que llegó para quedarse. Todo va al móvil aunque estemos mas tiempo en un solo lugar físico.

Como objetivos nos tendríamos que plantear, como decía Manuel Belgrano, qué es lo que nos dará mayor felicidad como pueblo. La libertad y la Independencia, grandes anhelos políticos entre 1810 y 1820, siempre fueron también grandes anhelos personales de toda la vida para cada persona. Si perder menos tiempo en viajar todos los días nos permite tener mas tiempo humanamente productivo (en lo emocional y en lo práctico), bienvenido sea. Es un excelente objetivo. Dotarnos de herramientas conceptuales y tecnológicas es fundamental para poder aprovecharlo, eso determinará las nuevas capacidades y actitudes que hacen falta en las personas para la etapa que vendrá. Y si de objetivos macro hablamos, tenemos que poner manos a la obra para ser competitivos en logística con vías navegables y trenes de carga, hacer reformas impositivas y laborales, blanquear a todo el mundo económicamente activo (desde cartoneros hasta una verdulería de barrio o un puesto de artesanías), lograr mas federalismo con autarquía financiera de cada provincia, etc. 

Pero tenemos que encarar acciones para que la nueva forma de trabajar sea asequible. No todos están preparados para trabajar en relativa soledad ni tienen el ámbito físico y mental adecuado. Las rutinas de salir del ámbito de la casa están arraigadas desde que vivíamos en las cavernas y había que salir a cazar para no morirse de hambre. Si esta etapa signada por lo masculino/cazador rigió durante mucho tiempo, a lo mejor volveremos a una etapa mas doméstica, una vuelta al feudo y a lo local, a no tener que ir de una ciudad o de un país a otro tan seguido para reunirnos con alguien, sea el lugar de trabajo, un cliente o una casa de Estudios. A los niños los dejamos todavía en la escuela porque es un ámbito de socialización que hace a algo básico del aprendizaje y la convivencia con el otro, aunque la forma de educar también está cambiando aceleradamente de formato. 
Los resultados están por verse. 
Durante los días de Cuarentena escuché varios webinars de todo tipo, desde temas de Recursos Humanos hasta tecnología, pasando por economía, control de gestión, business intelligence, sustentabilidad, people analytics, responsabilidad social, empresas familiares, salarios post pandemia,  diversidad sexual y un largo etcétera. En todos se veía que el encierro obligatorio nos ponía a aplicar el tiempo en algo que en otros momentos no pudimos dedicarle, precisamente por falta de tiempo. Y las ideas empezaban a aflorar y a generar potenciales proyectos. Nuestras PyMES tienen todo para mejorar, sabiendo que ahora la tecnología no es inaccesible pero tienen grandes resistencias a cambiar sus formas de manejar las cosas y delegar funciones, o aceptar el consejo de alguien externo en algún campo como planeamiento comercial o recursos humanos. Abrir la cabeza es el primer paso, y en eso como profesionales de Marketing tenemos mucho para trabajar. Hagamos que el Marketing colabore para encontrar el nuevo equilibrio en el mundo.  Cuando baje la polvareda y se vea mas claro, seguramente va a ser para mejor, como dicen en el campo.
 


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