Reflexión con motivo del 55 Aniversario de la AAM
Equilibrio – Sebastián Miranda
En la Argentina de los últimos años, cuando se trata de tomar posición sobre ideas, conductas y miradas de la realidad que observamos, pareciera ser que como sociedad tendemos a
polarizar. Y nos cuesta lograr equilibrios y puntos de encuentro. Incluso en estos momentos de pandemia, en donde se requiere un esfuerzo colectivo, también suelen generarse situaciones
similares.
En este sentido, pareciera que cuesta alcanzar un equilibrio superador a esas miradas contrapuestas que clausuran cualquier tipo de conversación constructiva y enriquecedora en la
búsqueda de soluciones que nos permitan un mejor desarrollo dentro de este marco y un abordaje que como sociedad nos encuentre trabajando todos juntos.
Ahora bien, cuando estamos en presencia de un acto de consumo podemos decir que el consumidor tiene hoy la posibilidad de encontrar ese equilibrio. ¿Será por tratarse en su gran
mayoría de actos individuales? ¿Por tener un mayor desarrollo de la oferta? ¿Será por tener cada día más información para la toma de decisiones? ¿Será por ese aprendizaje que se da en
el consumo masivo con posibilidad de la prueba o la retroalimentación tan potente en estos tiempos de la mano de las redes sociales? Ciertamente hoy más que nunca tenemos un
consumidor empoderado que logra su mejor equilibrio. Ese equilibrio que sintetiza las expectativas que construye la marca en la comunicación del producto o servicio, con esa
experiencia que vive el consumidor luego de su acto de compra.
Estamos viviendo un mundo con muchos cambios y un consumidor híper segmentado. Y es ahí en donde resulta más desafiante desarrollar estrategias de productos y servicios que puedan
simplificar el equilibrio de una demanda cada vez más sofisticada. La tecnología nos permite, por un lado, construir productos y servicios más customizados, pero al mismo tiempo es la
misma tecnología la que eleva las expectativas de los consumidores. Y esa mirada de producto o servicio hoy está evolucionado a una propuesta de valor que es producto, que incluye
también servicio y se evalúa en una experiencia de compra mucho más amplia de cómo la definíamos en el pasado.
También es la tecnología la que ha posibilitado ampliar esa experiencia que comienza en un contacto con la marca mucho antes del acto de compra, y culmina después del propio acto de
consumo, al compartir por redes el nivel de satisfacción de esa misma experiencia. Y esa nueva realidad nos desafía a crecer en nuestro entendimiento de los nuevos territorios en donde
construimos el valor de marca.
Y de pronto, en el medio de todos estos grandes desafíos, nos encontramos en este contexto de pandemia totalmente inesperado, que afecta fuertemente no sólo con restricciones a la
oferta, sino también impactando en aspectos más profundos del comportamiento de la demanda. Aspectos que pueden estar ligados a limitaciones económicas, miedos o reflexiones
más profundas que afectan nuestros hábitos de consumo futuros, aun después de la cuarentena y el aislamiento social preventivo.
Y en este nuevo y desafiante escenario, la velocidad con la que las compañías nos adaptemos y sepamos leer ese cambio de necesidades y ese cambio de importancia relativa respecto a
atributos de nuestra propuesta de valor, será sustancial para salir fortalecidos de este momento que estamos viviendo.

Y cierro volviendo a la palabra EQUILIBRIO con la esperanza de que esa inteligencia de síntesis que desarrolla la comunidad en su rol de consumidor, la podamos ir llevando y trasladando a
otros ámbitos -ciertamente más complejos- de nuestros pensamientos, de nuestras discusiones, para poder encontrar también esa síntesis de ideas y proyectos que nos permitan evolucionar como sociedad.


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