Equilibrio y tensión entre promesa e ilusión

Un vendedor promete los globos más grandes y brillantes mientras  infla uno ante la mirada del chico cuyos ojos se abren cada vez más con cada inyección de aire.  La mirada fija en el globo que crece y crece con cada soplo, transmite su ilusión en ascenso por tener el globo más grande de la plaza hasta que un último y pequeño soplo rompe el silencio y la magia del momento. El globo estalla y se lleva consigo la ilusión del niño y desvanece también la ilusión de una nueva venta. 

Esta analogia pinta a la perfección el equilibirio necesario entre una promesa y la ilusión que genera. Somos emisores y receptores de promesas entusiastas que requieren de deliveries posibles y reales. Es cierto que no somos absolutemente responsables de la ilusión que producimos en el otro, pero claramente nuestro decir y actuar influyen en las expectativas que generamos. 

Conscientes o no, resaltamos, adjetivizamos, recalcamos o simplemente enfatizamos en nuestra comunicación elementos que pueden contribuir a una ilusión sobredimensionada para lo que podemos asegurar.  El entusiasmo o el simple hecho de querer aumentar la atracción de nuestra propuesta nos hace prometer algo más.  Consciente e inconscientemente estamos afectando el equilibrio.

Debemos trabajar sobre propuestas con un cuidado equilibrio entre promesa y delivery, algo imprescindible para construir vínculos sostenibles en el tiempo. Las personas y las marcas que construyen vínculos sólidos son aquellas que diseñan y comunican propuestas atractivas y luego cumplen con la ilusión generada.

Y ahora?

Qué sucede cuando la posibilidad de entregar nuestra promesa se ve impedida por un cambio de contexto como el que estamos viviendo? Estamos preparados para diseñar y opear en base a las nuevas reglas y cumplir la promesa?

Cuando los contextos crujen y el entorno cambia drásticamente las marcas de bienes y servicios empiezan un proceso de reformulación de sus propuestas y promesas.  Nuevos skills se requieren para llevarle al cliente o consumidor lo que ya no le podemos brindar como lo hacíamos antes. Más allá del apuro para adaptarse a las nuevas reglas de juego, las marcas deben rediseñar la propuesta de valor incluyendo una promesa cumplible.

Ser honestas con lo que puede entregar sin sobreprometer.

Ser simples,  la simplicidad es belleza.

Ser claros en lo que comunicamos, sin letra chica.

No sobreprometer.

 

Debemos seguir ilusionando e ilusionándonos.

Pero quizás no necesitamos inflar el globo más grande del parque para que el niño se vaya con una sonrisa.


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