Si tuviera que elegir una palabra para describir este período histórico, sin dudas sería: perspectiva. Lo cierto es que, desde nuestras casas, el foco no apunta en la misma dirección que lo hacía durante la vida normal. Nuestras empresas se enfrentan a nuevos escenarios, como es habitual, pero con la diferencia de que nuestro equipo, clientes y consumidores, también se están adaptando a nuevas formas de abordar el trabajo y principalmente de interpretar la vida. 
Este cambio de enfoque nos obligó, de forma colectiva, a repensar y conectar con lo verdaderamente importante y también a revisar algunas decisiones tomadas durante la ex normalidad de las cosas. ¿Estoy a gusto en mi casa? ¿Soy feliz con la gente que vivo? ¿Cuidé en este tiempo mi salud física y emocional lo suficiente? ¿Prioricé a mi familia y afectos como lo merecían? ¿Qué pasaría si nada volviera a ser normal? Surgieron miles de preguntas, miedos y alertas que nos sumergieron en un océano de reflexión y realidad.  
En lo que respecta a las finanzas personales, muchos notaron como sus ingresos se vieron valorizados por el simple hecho de no gastar en cosas que en la diaria eran de lo más habituales, lo que les permitió mejorar la administración de su dinero y su capacidad de ahorro. Muchos otros, se vieron privados de sus ingresos habituales y están en proceso de reconvertirse para subsistir. Esto sin duda, generará en ambos escenarios una visión más crítica y selectiva sobre la decisión de compra, lo que impactará a futuro en los resultados financieros de muchos negocios, tanto positiva como negativamente.   
En este mar nadan hoy nuestras campañas, rodeadas de sensibilidades, propias y colectivas, con las que debemos empatizar y nuevas formas de interpretar lo que es necesario y enriquecedor para nosotros. Sin dudas es una balanza que aún se encuentra en búsqueda del gramaje exacto para estar en equilibro; tanto en nuestras vidas como en los negocios. Sabemos que va a ocurrir, pero aun no cuándo ni cómo, lo que nos fuerza a seguir entrenando la reflexión y la paciencia.
Desde nuestro rol, en esta búsqueda del equilibrio, creo elemental el trabajo de resignificar. Volver a hacer match entre mi propuesta y la decisión de elección, desde un lado honesto y auténtico. Veo esto como una gran oportunidad de repensar el valor de lo que estamos ofreciendo en términos de servicio, utilidad, calidad y también mensaje. Este tiempo nos demostró que las cosas que verdaderamente uno extraña y necesita no siempre pueden comprarse, y las cosas que sí pueden, al final de cuentas quizás no son tan importantes 
Hoy en Sumá, sentimos la enorme responsabilidad de participar activamente de esta transformación, ayudando a nuestros clientes a crear propuestas y mensajes evolucionados, que conecten a las marcas y productos con aquellas cosas que producen bienestar, enriquecen y facilitan un estilo de vida donde lo importante nunca vuelva a estar relegado. Ojalá con esta nueva perspectiva que trajo el 2020, podamos todos desde nuestro rol, rescatar las herramientas y aprendizajes necesarios para construir un futuro mejor para todos: sustentable, pacífico y por sobre todas las cosas equilibrado. 
 


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