Mientras la pandemia del Covid-19 avanza en el mundo de acuerdo a lo previsto, científicos en distintos lugares de este planeta trabajan por encima de la velocidad crucero para descubrir una vacuna que controle los efectos de este nuevo virus. O que al menos morigere su capacidad de contagio. 
Al propio tiempo, los impactos colaterales de la pandemia se hacen sentir. Cuarentena. Aislamiento social obligatorio. El mundo laboral presencial entra en crisis. 
Mismo escenario en la (no) presencialidad de amigos, familiares, colegios, centros de capacitación. 
Así como ocurría en las eras pasadas, en los primeros modelos de sociedades organizadas y pueblos en búsqueda de prosperidad, la campana sonó y cada uno se dirigió a su trinchera de seguridad. A esperar que pase la tormenta. Sin salir ni ver a nadie más. 
O no. 
Zoom, la plataforma de reuniones virtuales utilizada en ámbitos corporativos y, hasta entonces, un actor más en el mapa de plataformas que brindan este servicio, se masifica. 
Trasciende la barrera de los barbijos. Se deja abrazar, sin contagiarse, ya no sólo por ejecutivos de distintas compañías para hablar con colegas lejanos. Se instala en los dispositivos de mamá, de papá, de la abuela, del abuelo, del tío, de la tía, de mi amigo que no tiene ni Facebook, de la cuñada, de mi vecino, de la profesora de yoga, de mi mismo. 
Sin darnos cuenta, con la misma naturalidad que millones de consumidores decimos “tengo una reunión”, hoy – y sin certeza respecto de que sea solo una cuestión cuarentenística – declaramos “tengo un zoom” sin necesidad de aclarar nada más. 
Ahora bien: es Zoom la única plataforma que se utiliza hoy en el mercado corporativo, educativo, bienestar, o familiar y de amistad para hacer encuentros virtuales? No. Cisco Webex, Whatsapp, Skype, entre otras, también forman parte del mapa. 
Sin embargo, la potencia de penetración de Zoom en la mente de los consumidores, su simpleza de uso y su inmediatez parece haber influido en hacer de esta plataforma la de mayor crecimiento en usuarios y uso desde el inicio de los respectivos aislamientos. 
Tal es la fortaleza de marca que ha adquirido Zoom a esta altura, el espacio en el top of mind que ocupa hoy la plataforma de llamadas virtuales, que ya hay ámbitos donde expresar “tengo un Zoom” resume un concepto. Transmite un hecho, aunque no necesariamente sea a través de la plataforma Zoom, sino de alguna otra. 
¿Estamos frente a una potencial caso – otro de tantos que existen en la historia del consumo mundial - de transformación de una marca en un genérico? 
¿Será Zoom el genérico definitivo de reuniones virtuales, sin importar la plataforma sobre la que se haga? 
La conversión de marca a genérico es un episodio que desafía de un modo atrapante a los profesionales del marketing que se ven obligados a administrar dicho proceso y trabajar las marcas con ese aditivo. 
Marcas como Savora para la mostaza, Kleenex para los pañuelos descartables, Movicom para los celulares, Gilette para máquinas de afeitar, son solo ejemplos que muestran la posibilidad de que esto ocurra. 
¿Desde el punto de vista del marketing, sería bueno para Zoom que esto ocurra? 
¿Cómo afecta a su branding? ¿Cómo condiciona sus estrategias de posicionamiento a futuro? 
Ciertamente es prematuro pretender una certeza en este momento (mayo 2020), cuando el debate se cierne sobre si este formato de virtualidad y dinámicas menos presenciales se mantendrá más allá de la obligación de aislamiento impuesta por los Gobiernos. 
Sin embargo, aún en este escenario de futuro desconocido, Zoom ha demostrado una fortaleza de penetración tal en la mente de los consumidores y en su uso efectivo, que podría llevarnos – en un futuro cercano – a que alguien nos diga: 
- “Hacemos un Zoom?” - “Dale, vos mandás el link?” - “No, lo hacemos vía whatsapp video...” - “Perfecto”. 
 


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